La historiadora y activista más importante de México en el estudio de la etnia Yaqui, Raquel Padilla Ramos fue víctima de feminicidio. Presuntamente fue asesinada con un arma blanca por su pareja sentimental el indígena Yaqui, Juan Armando N.

 

Los hechos ocurrieron en el interior de su hogar, ubicado en la “La Lorenata” comunidad rural de Ures, Sonora, donde Juan Armando N. de 55 años apuñaló en repetidas ocasiones a la etnohistoriadora.

 

De acuerdo con los primeros informes, Padilla Ramos llegó a la morada de su pareja en compañía de su pequeño hijo, a quien ella llamaba “general”, abordó de su camioneta. Una vecina del lugar declaró que el pequeño permaneció dentro del automóvil, mientras que el matrimonio mantenía una calurosa discusión en el interior se la vivienda.

 

“El niño estaba en el carro cuando escuchó un ruido y bajó, ahí vio que Juan ya había acuchillado a su mamá. Él encerró al niño en el baño; tomó un rifle para defenderse de los Yaquis y así poder salir a por ayuda”, declaró la mujer.

 

Al lugar arribaron policías del poblado y elementos del servicio forense para realizar las diligencias correspondientes, mientras que el agresor fue trasladado al Hospital General para recibir atención médica ya que se auto lesionó. Cabe señalar que Juan Armando N. fue asegurado en flagrancia delictiva.

 

Familiares de la hoy occisa, sus dos hijas y compañeros del Instituto Nacional de Antropología e Historia, también llegaron al lugar de los hechos, afligidos por el feminicidio de su compañera.

 

La escritora, maestra y activista, Raquel Padilla Ramos, reconocida por sus indagaciones y labores por los derechos culturales, fue la principal investigadora de la etnia sonorense Yaqui.

 

Fue autora de libros como: “Los Yaquis en la Víspera de la Repatriación”, “Los Irredentos Parias”, “Los Yaquis, Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán 1911” y “Los partes fragmentados. Narrativas de la guerra y la deportación Yaquis”.

 

Minutos antes de su fallecimiento, Raquel tuiteó: “El pueblo de Bavispe, que había sido fundado como misión jesuita en 1645, fue severamente afectado por un terremoto en 1887, en el que murieron varias personas. El templo dedicado a San Miguel Arcángel quedó tan dañado que ya no se pudo recuperar. Era, sin duda, uno de los más hermosos de Sonora”.