“Cogito Ergo Sum”

Por Pedro Cabrera

 

 

La noche del día viernes 18 de enero del año en curso los habitantes del pueblo de Tlahuelilpan, Hidalgo, sufrieron una tragedia de dimensiones dantescas: una toma clandestina en un ducto de hidrocarburo de Pemex, el cual corre de Tula a Tuxpan, explotó a las 19:10 horas.

 

En el lugar se observaron llamas de más de 20 metros de altura, cuerpos bañados en combustible ardieron, lugareños corrieron despavoridos, querían escapar de aquel sembradío de fuego, que horas antes se encontraba atiborrado de hombres, mujeres y niños que con desparpajo y descaro se arremolinaron alrededor de una salida a presión de gasolina, para recolectar el preciado, “escaso” y flamable combustible.

 

La explosión ha cobrado 129 vidas y decenas de heridos que se encuentran en estado grave por las quemaduras de tercer grado, en algunos casos cubrieron 70 por ciento de sus cuerpos. De igual forma, más de 60 cuerpos carbonizados y otros tantos desaparecidos.

 

La tragedia de Tlahuelilpan ha conmocionado a la opinión pública y ha polarizado a diferentes sectores de la sociedad, con expresiones y comentarios que juzgan y califican el actuar de los habitantes de éste pequeño poblado enclavado a 70 kilómetros de la ciudad de Pachuca.

 

Y es a través de estas líneas que invito a ustedes, que me acompañan con la lectura de esta entrega, a reflexionar de manera objetiva si en verdad la pobreza e ignorancia fueron factores que orillaron a la población de Tlahuelilpan a poner en riesgo sus vidas.

 

Para ayudarnos en esta complicada tarea de desentrañar el pensamiento y comportamiento de los habitantes de este pequeño poblado, expondré algunas cifras oficiales que nos permiten conocer más sobre el pueblo y los habitantes del lugar “en donde se riegan las tierras”.

 

El Pueblo de Tlahuelilpan en su mayoría está conformado por habitantes que descienden de tribus otomíes; el municipio se asienta dentro de un inmenso valle comprendido fisiográficamente en la altiplanicie mexicana y la región geocultural del Valle del Mezquital. El lugar está formado en un 80 por ciento por llanuras y en menor medida por lomeríos. El único cerro de considerable importancia es nombrado el Cerro del Águila, por ello no cuenta con protección que lo defienda de los embates del viento que se mueven libremente por gran parte de la región.

 

Este pequeño municipio representa aproximadamente el 0.1 por ciento de participación relativa en la superficie total del estado, con una extensión territorial de 28.60 kilómetros cuadrados.

 

El tipo de suelo que existe es de origen mesozoico, de tipo semidesértico, rico en materias orgánicas y nutrientes. Su uso es primordialmente agrícola, le sigue a éste el de agostadero, dejando solo una pequeña parte para otros usos.

 

Por lo que toca a la tenencia de la tierra, del total de su superficie, más del 55 por ciento es ejidal y el resto corresponde a la pequeña propiedad.

 

En cuanto a los cultivos, principalmente se cosecha maíz, frijol, trigo, nopal, alfalfa, cebada, avena forraje, calabacita, chile verde y en menor proporción árboles frutales y algunas hortalizas.

 

Datos arrojados en el año 2010 por el INEGI y el CONEVAL revelan que el municipio de Tlahuelilpan está compuesto por 17 mil 153 habitantes en cuatro mil 078 hogares, de los cuales 898 estaban encabezados por jefas de familia. El tamaño promedio de los hogares en el municipio fue de 4.2 integrantes.

 

El grado promedio de escolaridad de la población de 15 años o más en el municipio era en 2010 de 8.4, frente al grado promedio de escolaridad de 8.1 en la entidad.

 

En 2010 el municipio contaba con 11 escuelas preescolares (0.3% del total estatal), 11 primarias (0.3% del total) y cuatro secundarias (0.3%). Además, en el municipio se ubicaban cuatro bachilleratos (1.4%) y ninguna escuela de formación para el trabajo. El municipio no cuenta con ninguna primaria indígena

 

Los datos del sector salud arrojan cuatro unidades médicas en el municipio (0.4% del total de unidades médicas del estado), diez médicos (0.2% del total de médicos en la entidad) y la razón de médicos por unidad médica era de 2.5, frente a la razón de 4.6 en todo el estado.

 

En el mismo año de referencia, diez mil 129 habitantes (65.1% del total de la población), se encontraban en pobreza, de los cuales ocho mil 261 (53.1%) presentaban pobreza moderada y mil 869 (12%) estaban en pobreza extrema; la condición de rezago educativo afectó a 22.7 % de la población, lo que significa que tres mil 531 individuos presentaron esta carencia social. El porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud fue de 31.9%, equivalente a 4,963 personas.

 

La carencia por acceso a la seguridad social afectó a 84.1 por ciento de la población, es decir 13 mil 084 personas se encontraban bajo esta condición. El porcentaje de individuos que reportó habitar en viviendas con mala calidad de materiales y espacio insuficiente fue de 11.6% (mil 804 personas).

 

El porcentaje de individuos que reportó habitar en viviendas sin disponibilidad de servicios básicos fue de 12 por ciento, lo que significa que las condiciones de vivienda no son las adecuadas para mil 874 personas.

 

La incidencia de la carencia por acceso a la alimentación fue de 34.2 por ciento, es decir una población de 5,314 personas.

 

Las incidencias en otros indicadores de rezago social son:  población de 15 años y más con educación básica incompleta (43%), población sin derechohabiencia a servicios de salud (36.6%), viviendas que no disponen de refrigerador (29.2%), población de 15 años o más analfabeta (5.1%), viviendas sin excusado/sanitario (4.5%) y población de 6 a 14 años que no asiste a la escuela (3.2%).

 

Estos son los números, los porcentajes y las estadísticas que nos muestran a un pueblo de Tlahuelilpan que convive al día con una pobreza moderada, con la carencia de seguridad social, con un sistema de salud precario y un alto grado de la población con educación básica incompleta, motivos suficientes para entender el porqué de la rapiña de 700 personas que sustrajeron en bidones de plástico cientos de litros de gasolina.

 

Estos mismos números, porcentajes y estadísticas, nos revelan dos elementos claves que, en ciertas ocasiones, ayudan a la cohesión social: el Matriarcado y el Ejido.

 

¿Por qué no se obedeció la voz de alerta de la madre? ¿Por qué no se escuchó la voz de autoridad del Comisariado Ejidal?

 

Hizo falta la voz de un miembro del pueblo que llamara a la prudencia y al respeto irrestricto que conlleva el no apoderarse de un bien material ajeno; este tipo de actuaciones no hacen suponer que el  pueblo  de Talhuelilpan es el claro ejemplo de una sociedad mexicana resentida con todo aquello que se identifica como autoridad

 

Resulta complicado creer que se vive bajo el amparo del estado de legalidad. Causa un serio conflicto escuchar hasta el hartazgo conceptos como:  ley, justicia, equidad, bienestar social, crecimiento económico, derechos humanos, etcétera, palabras vacías que salen de las bocas de aquellos que se nombran Estado, gobierno y autoridad.

 

La tragedia de esos desafortunados hombres, mujeres  y niños que participaron en la tragedia del 18 de enero del 2019, sólo aplicó un raciocinio sencillo y contundente. Si ellos no respetan las leyes, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros? Si impunidad y corrupción están a su servicio, ¿por qué no pueden estar al nuestro?

 

¡Hagamos uso de ellas! Porque somos el Pueblo de Tlahuelilpan del náhuatl Tlaualilpan: en donde se riegan las tierras… Con gasolina.