Entre Líneas

Fernando Hernández López – Politólogo

 

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua, la palabra retrógrada significa “Ir hacia atrás, retroceder”.

 

En el ámbito político se interpreta como oposición al progreso, en contra de acciones que beneficien a la mayoría; que tu ideología está atrasada y no es acorde con la realidad ni con la modernidad.

 

En términos más prácticos se utiliza este adjetivo en cuestiones relacionadas con las creencias religiosas y con diversas acciones a las que esta institución se opone, como los matrimonios de personas del mismo sexo y la interrupción legal del embarazo, entre otros temas que evidentemente se encuentran en el centro de la polémica y tienen que ver con una realidad existente.

 

Hace unos años se señalaba al retrógrada por su oposición al libre mercado, a la democratización de los partidos políticos, a la creación de órganos autónomos que cuidaran los procesos electorales o que hubiera transparencia y combate a la corrupción.

 

Eras retrógrada porque descalificabas que el IFE (hoy INE) cuidara que no se cometiera fraude electoral o cuando criticabas la censura en los medios de comunicación.

 

Se podrían enumerar muchas acciones más que son calificadas de retrógradas. Su connotación cambia conforme se modifican las condiciones políticas y sociales del país.

 

En la actualidad pareciera que su interpretación encuentra otros derroteros; es decir, defender todo eso que se construyó a lo largo de décadas puede ser motivo para ser etiquetado como retrógrada.

 

Hace unos días se realizó la segunda consulta ciudadana, sin ninguna metodología (al menos conocida) de acuerdo a la Constitución y la Ley Federal de Consulta Popular, que no era vinculatoria y generó grandes dudas y muchas preguntas sin respuesta.

 

Han sido más las evidencias de que fue un ejercicio ilegal, amañado y contrario a cualquier principio democrático; muy alejado del espíritu de la democracia participativa. Fue un asunto más apegado a los viejos esquemas, donde sólo participan los simpatizantes del líder o gobernante promotor de esta farsa. Algunos participaron por convencimiento, pero en la mayoría prevaleció la ignorancia.

 

Lo lamentable fue la descalificación de personajes cercanos al presidente electo que desdeñaron las voces de quienes no estaban de acuerdo con la consulta. En este escenario no faltaron los que calificaron de retrógrada a quienes se opusieron a ese irregular ejercicio.

 

Entonces es cuando surge la reflexión: Si por estar en contra del autoritarismo disfrazado de democracia participativa, a través de consultas amañadas e ilegales, para validar algo decidido, se es retrógrada, entonces soy uno más de esos mexicanos retrógradas, inconformes por la simulación y el engaño.