Entre Líneas

Por: Lic. Fernando Hernández López

Politólogo UAM-I

 

El cine casi desde su creación ha estado ligado a la política; es mas, se ha convertido en uno de los mejores instrumentos de denuncia social, de enjuiciamiento político y por supuesto de adoctrinamiento.

 

Es en este contexto que el cine mexicano no ha resistido la tentación de involucrase y ser parte de la política nacional, desde el punto de vista crítico, de denuncia, anecdótico, histórico, biográfico, cómico o melodramático.

 

Comento lo anterior en alusión a la expectativa y efervescencia que ha generado la última cinta titulada Roma, de Alfonso Cuarón, que sin duda se convertirá en una película indispensable en la cinematografía referente a la Ciudad de México, por desarrollarse la historia en una emblemática colonia de nuestra capital y en un momento político muy significativo de nuestro país y de esta entidad, donde la colonia Roma y el Halconazo del 10 de junio de 1971, son parte central del guión.

 

Pero no es el único ejemplo que tenemos de películas donde se mezcla la política en una historia cinematográfica y tiene como escenario la Ciudad de México.

 

En este sentido podemos recordar Distinto Amanecer, de Julio Bracho, película en la que su trama se centra en medio de conflictos entre un sindicato y un gobernador, distinguiéndose la vieja estación del tren de San Lázaro o la icónica escena de Andrea Palma caminando al amanecer sobre la calle 5 de mayo en el Centro Histórico, y Ante el Cadáver de un Líder, de Alejandro Galindo, que es una extraordinaria crítica al sindicalismo mexicano, con locaciones en la Ciudad de México.

 

La revolución mexicana resultó ser el mejor pretexto para realizar películas, biográficas o de aventuras revolucionarias, como son la clásica y considerada la mejor película en la historia de la cinematografía mexicana Vámonos con Pancho Villa, El Compadre Mendoza y El Prisionero 13, del director Fernando de Fuentes, las tres teniendo como pretexto hechos registrados durante la revolución mexicana, de gran calidad, en cuanto a historia y actuaciones.

 

En la misma línea histórica encontramos El Atentado, de Jorge Fons, que recuerda el intento de asesinato del general Porfirio Díaz, en la Alameda Central, el 16 de septiembre de 1897, en la que por medio de una gran creatividad escenográfica se recrea el Centro Histórico.

 

La comedia no ha quedado exenta de llevar la política al cine. Ejemplo de esa inteligente combinación es la cinta El Bulto, de Gabriel Retes, que al igual que Roma, retoma el Halconazo, además de poner énfasis en la consolidación de la clase media mexicana de principio de la década los 90 del siglo pasado, durante el salinismo, y México de mis Recuerdos, de Juan Bustillo Oro, haciendo un recuerdo nostálgico del Porfiriato, donde se pueden observar escenarios recreados como la fuente del Salto del Agua, el Teatro Principal (hoy Teatro de la Ciudad) o la Alameda Central.

 

Punto y aparte es La Sombra del Caudillo (basada en el libro del mismo nombre, de Martín Luis Guzmán) dirigida por Julio Bracho, considerada la mejor película mexicana de corte político, que nos lleva al México postrevolucionario, relatando que era con las armas como se dirimían los conflictos políticos. Una vez más la Ciudad de México es protagonista en esta historia, con el antiguo recinto de la Cámara de Diputados de Donceles y Allende, el Centro Histórico, el desaparecido restaurante Chapultepec, en el Bosque del mismo nombre y el Ajusco.

 

También existen películas que retoman algún acontecimiento histórico determinado, con ánimo de critica y denuncia, para desarrollar una historia paralela. Ejemplos son: Rojo Amanecer, de Jorge Fons, ambientada en la Unidad Habitacional de Tlatelolco, y Canoa, de Felipe Cazals, dos cintas sobre los lamentables hechos de 1968 en el pueblo de San Miguel Canoa, Puebla, donde un grupo de trabajadores de la Universidad de Puebla son linchados por los pobladores, al confundirlos con comunistas conspiradores y sobre lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre, respectivamente.

 

En este mismo género están Bandera Rota, de Gabriel Retes, y Cuartelazo, de Alberto Isaac, que abordan los movimientos guerrilleros de los años setenta del siglo XX; La Rosa Blanca, de Roberto Gavaldon, retomando la expropiación petrolera como tema central; El Efecto Tequila, de León Serment, acerca del famoso error de diciembre de 1994, y La Ley de Herodes, de Carlos Carrera, que describe las prácticas de la política mexicana en la década de los cuarenta, durante el alemanismo.

 

Por último, también destaca Mariana, Mariana, de Alberto Isaac, basada en el libro Las Batallas en el Desierto, de José Emilio Pacheco, donde de nueva cuenta la Colonia Roma y el gobierno de Miguel Alemán Valdés son los protagonistas de una gran historia.

 

De tal manera que el cine seguirá siendo un buen aliado de las instituciones o por el contrario, su peor enemigo; seguirá siendo la conciencia del director que dará a conocer su opinión acerca de determinado tema político o hecho histórico. También servirá para ensalzar o denostar a algún personaje o momento relevante, pero sin dejar de ser un elemento de entretenimiento para todo espectador. Cada quien tendrá su opinión.

 

Twitter: @fer_hernandez71