Maraña Política

Por Aquilés Baeza

 

*Desde el 2006 se le vinculó con el narco
*Hoy es el abogado ‘estrella’ de Morena
*Dice que estas acusaciones ‘son chismes’

Cuando me enteré que Gabriel Regino García, era -y es- el abogado del ex jefe delegacional de Tláhuac, Rigoberto Salgado Vázquez, y algunos otros “ilustres” militantes de Morena, no pude contener mi sorpresa, pues no alcanzo a comprender hasta dónde puede cambiar una persona, sobre todo a quien conocí cuando literalmente comenzaba su carrera profesional.

Pero más sorpresa me causó que es el abogado “estrella” del partido propiedad de “ya saben quién”. De allí que, en plática con amigos que conocimos a Gabriel Regino en sus inicios como abogado, no pudimos más que coincidir que con ello le vendió su alma al diablo. De verdad. Pero al analizar su trayectoria, también coincidimos que eso ocurrió hace muchos años.

No doy crédito de como un muchacho brillante y trabajador cambiaría tanto. Aunque ahora que me enteró de su nueva posición, recuerdo que lo conocí por el año 1991, cuando él laboraba como oficial del Juzgado Noveno de Distrito en Materia Penal y era inquieto, dicharachero, alegre en pocas palabras.

“¿Qué te sorprende ahora? Haz de acordarte que le gustaban mucho los narcocorridos. Y cuando descansaba, vestía como auténtico capo. Pero él sólo sonreía y tarareaba en todo momento los narcocorridos de moda”, me comentaron ahora que pregunté si ellos sabían de sus “malos” pasos.

Todos se miraron con incredulidad. Sobre todo cuando les pregunté el motivo de su salida del Poder Judicial Federal. Recordaron que en 1992 “lo corrieron”, al sorprenderlo que vendió copias de un juicio de amparo a los abogados de un capo. Quizá esto fue el inicio de su “brillante” carrera.

Recordamos cuando el entonces Brujo Mayor de Catemaco lanzó un conjuro al encargado de Amparos, Mario Meléndez, jefe de Regino, debido a que otorgó la suspensión provisional al asesino de su hija.

Regino con preocupación me confesó que el brujo le advirtió que tendría una muerte violenta por proteger al criminal. Y lo cumplió. Ese fin de semana el abogado falleció en un percance automovilístico cuando regresaba de Acapulco.

A su salida –o más bien “corrida”–, Gabriel Regino puso su despacho. Fue así como lo volví a ver en 1998, cuando tuvo como clientes a “Los Camachistas”, obviamente encabezados por Manuel Camacho Solís y Marcelo Ebrard Casaubón.

Para mi sorpresa, Regino me confesó que me andaba buscando para que le echara la mano, pues la Fiscalía Especial del Caso Colosio giró citatorios a sus clientes, “pues pretenden tenderles la cama y responsabilizarlos del magnicidio”, me dijo con seriedad.

Gracias al favor que le hice, por arte de magia los citatorios quedaron suspendidos y, como hasta ahora, nunca volvieron a molestar a sus conocidos y poderosos clientes.

Esta defensa le ayudó a Regino a reforzar la confianza del Carnal Marcelo, quien durante la administración de “ya saben quién” en el Gobierno capitalino, fue nombrado titular de la Secretaría de Seguridad Pública.

Y como era de esperarse, Ebrard devolvió el favor a nuestro buen amigo, nombrándolo encargado de Asuntos Internos, para luego ascenderlo a Subsecretario.

Pero el ajusticiamiento de tres elementos de la Policía Judicial Federal, en noviembre del 2004, en el poblado de San Juan Ixtayopan, delegación Tlahuac, provocó su salida de la SSP y aunque la PGR intentó fincarle responsabilidad, nunca lo logró. Lo mismo ocurrió con Marcelo, Joel Ortega y demás ex funcionarios.

Quizá este hecho marco el futuro de Gabriel Regino, pues por azares del destino, ahora defiende a Don Rigo, de quien en Tláhuac todo mundo sabe de los vínculos que tuvo con “El Ojos”, pero las autoridades nada le han encontrado.

De allí que el flamante abogado del “narcodelegado” ha llegado a comentar que “con chismes no se hace justicia”. Y tiene razón.

El problema es que ahora, surgen nuevamente “los chismes”, con el juicio que se ventila en Nueva York contra Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, pues uno de los testigos, Jesús “El Rey” Zambada García, reveló que su hermano, Ismael “El Mayo” Zambada, socio de “El Chapo”, le entregó a Gabriel Regino grandes cantidades de dólares, como también lo hizo con Genaro García Luna, entonces titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI).

Como era obvio, nuestro amigo se defendió, igual como lo hizo el 3 de diciembre de 2006, cuando periódicos de circulación nacional difundieron que reportes de inteligencia federal mexicana vinculan al abogado con presuntas operaciones con el Cártel del Norte del Valle, de Colombia.

De acuerdo con esos informes, Gabriel Regino tendría nexos con el colombiano Jaime Maya Durán, detenido el 6 de septiembre de 2006 en la colonia Condesa, y deportado a Estados Unidos, donde contaba con varias acusaciones.

Dicho capo, al momento de su captura aseguró que contaba con la protección de 12 elementos del Grupo Especial de Reacción e Intervención (GERI) de la SSP capitalina, entre los que destacaba Eduardo González Castillo, “El Primo”, subdirector de Asuntos Internos; es decir, su jefe era por aquel entonces Gabriel Regino.

Además, los reportes señalaban que, “durante la cena anterior a su detención, mantuvieron comunicación constante con ‘Tigre’ (clave policiaca de Regino), según informes de los elementos que realizaron el operativo”.

La captura del colombiano Maya Durán fue hecha por la PGR, pero fue el entonces Embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, quien la dio a conocer.

El comunicado de la sede diplomática estadounidense señalaba a Maya Durán, como lugarteniente de Luis Hernando Gómez, presunto líder del Cártel del Norte del Valle, detenido en Cuba en 2004.

Más tarde, al buen amigo Regino también le fue descubierto que poseía un lujoso departamento en Homero 1710, en Polanco, el cual le fue “regalado” por Rodrigo Mora, “El Santanero”, conocido contrabandista de aparatos electrónicos, ropa y tela, a quien representó en un juicio de garantías.

Aclaró que el inmueble fue en pago por la defensa que realizó en favor de este sujeto contra el ex director de Aduanas, José Guzmán Montalvo.

“El señor Mora lo que hizo fue darme el apartamento, como pago de mis honorarios. Hay constancias públicas de mi representación legal de las empresas ante la PGR. Descubrimos apoyos ilícitos a otras agencias aduanales”, dijo.

Incluso, aseguró que ese inmueble lo habitó durante “varios años”, pero terminó vendiéndolo, debido a que sus suegros le regalaron a su esposa una casa en Bosques de las Lomas.

De igual forma, negó que recibió en aquel entonces 2.6 millones de pesos, que presuntamente fue resultado de una transferencias financieras desde una narcocuenta, como lo aseguraron algunos diarios en aquel entonces.

Por todo esto, lamentó que mi buen amigo le haya vendido sui alma al diablo. Ignoro si esto ocurrió por sus presuntos nexos con el narcotráfico o por ser el abogado “estrella” de Morena. Total, ni a cuál irle. Ambos grupos hacen el mismo daño. ¿A poco no?
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