Maraña Política

Por Aquilés Baeza

 

 

*El 10 de agosto de 1989 en Colombia nació Morena
*Pronto quedó al descubierto su lazo con los capos
*Aquí, en México, hay varias señales de su conexión

 

No sé ustedes, queridos tres lectores, pero cada que leo más los discursos de “ya saben quién”, desde mucho antes de iniciar su última campaña, como ahora que es Presidente de 30 millones de mexicanos, ha sido muy cuidadoso de no hablar mal –como debe de ser—del narcotráfico. Lo cual me inquieta.

Sólo habla de delincuencia organizada, aunque, seguro, los chairos dirían que el narcotráfico forma parte de estas agrupaciones, aunque les respondería que en lo mismo están los secuestradores, extorsionadores y ladrones de vehículos, entre otras agrupaciones de dos o más personas que acuerdan la comisión de uno o varios delitos. Igualititito como ahora es el caso de Morena. De verdad. No les miento.

Aunado a esa enfermiza insistencia de “honestidad, rectitud, velar por ayudar a los pobres, de no engañar a las esposas, de ser ellos los Reyes Magos” y tantas otras linduras, solo lo dicen de dientes para afuera. Ya ven, hasta hay un dicho que dice: “Dime de que presumes y te diré de que careces”. Dado que si de verdad son lo que dicen ser, para que tanta terquedad de presumir lo que dicen ser. Es más, les aseguro que ni ellos se lo creen.

Pero volviendo a lo precavido que ha sido el “Mesías de Macuspana” de no tocar ni con el pétalo de una rosa a los narcotraficantes, al menos para mí, queridos amigos, me resulta preocupante, ya que evidencia que algo oculta este sujeto que ha sido capaz hasta de engañar a su sombra y hasta a esos 30 millones de mexicanos que esperan en él el retorno del Iluminado. ¿A poco no lo ven así?

Incluso, desde que nació Morena el 2 de octubre del 2011, primero como asociación civil, para, después, el 9 de julio del 2014, obtener su registro como partido político, sembró en mí la semilla de que ese nombre ya lo había escuchado anteriormente.

¿Y qué creen? Ahora que acomodé mi archivo, en mis fichas bibliográficas –porque qué pensaban, que todo me lo contaban, pues no, también me gusta la lectura y de cada libro sacó datos–, encontré información del libro “Los barones de la cocaína”, escrito por Miguel García.

En el capítulo Cuarto “Ruta de Sangre”, en el punto siete, el autor destinó un espacio al que denominó “Te quiero MORENA”. ¿Ah verdad? Para adelantarles algo, este libro fue editado en México en noviembre de 1991 y desmenuza la historia del narcotráfico en Colombia durante la década de los 80s.

En la página 138, García asegura que “la mañana del 10 de agosto de 1989, en una casona de arquitectura tradicional en el barrio de Teusaquillo, con bombos y platillos se hacía el lanzamiento oficial del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) –que coincidencian ¿no?–. Dos hombres, ambos abogados: Antonio Vargas y Armando Valenzuela, fueron los encargados de hacer la presentación en sociedad. La asociación política, que en principio se mostraba dispuesta a combatir al comunismo –al que compararon con el Sida—y, además, rechazar la extradición de colombianos ante la justicia norteamericana.

“Esa misma mañana, la policía destruía un gigantesco laboratorio de cocaína, cuyo costo ascendía a cinco mil millones de pesos, instalado en una finca de 10 mil hectáreas, en Cimitarra, Santander, uno de los municipios de Magdalena Medio, donde MORENA aspiraba conseguir muchos votos. Días después, cuando la guerra de la droga estaba en marcha, en uno de los allanamientos a las propiedades del (capo Gonzalo) Rodríguez Gacha (alías ‘El Mexicano’), la policía encontró un libro de poemas escrito por Armando Valenzuela y con una cálida ‘dedicatoria’ al barón de la droga…”.

Posteriormente, el autor de “Los barones de la cocaína” destaca que el 14 de agosto de 1989 llegó un informe confidencial a la Presidencia de la República (de Colombia, claro), donde demostraba que “la fachada de MORENA era ACDEGAM, la asociación de ganaderos de Magdalena Medio, tras la cual se escondían los narcos, que primero compraron tierras en la región, después montaron los escuadrones de justicia privada o grupos paramilitares y, por último, querían oficializar su poder con la creación del grupo político que aspiraba a conseguir en las elecciones de 1990 el control sobre 42 alcaldías de Magdalena Medio…”.

Además, el escritor asentó: “De configurarse el proyecto de MORENA, se daba un paso definitivo en la intención de establecer en Colombia una especie de ‘república independiente del narcotráfico’. El cerebro de este empeño era Gonzalo Rodríguez Gacha, el mismo hombre que en la escuela rural sorprendiera a una de sus maestras por hacer gala de una inteligencia que más bien parecía un diamante en bruto”.

Ya habrá oportunidad de continuar la cita de dicho libro, porque hay mucha similitud con lo que ha pasado y vive México. Sólo quería mostrarles, queridos tres lectores, estas “coincidencias” de MORENA colombiano, con lo que enganchó la misma denominación a millones de mexicanos. Sólo que allá tuvieron la fortuna de frenar a esos envenenadores y asesinos, pero en México su “partido tocayo” si lo logró.

Sin embargo, he de citar otros ejemplos más actuales, más nuestros, porque, seguro, me van a tachar loco o antimorenista. Y la verdad, he confesarles que tengo algo de ambas cualidades, pero les mencionaré algo de eso:

En el mes de mayo de 2012, Andrés Manuel López Obrador impuso como alcalde de Iguala a José Luis Abarca, a pesar de que sabía que era del grupo criminal Guerreros Unidos, con lo podría decirse inició un recuento de vínculos de Morena, su partido, con el narcotráfico.

Y si desde aquella fecha era más que evidente que el narco había penetrado en el círculo más cercano a los que entonces construían Morena, hoy es un hecho. Pero les aclaro, son sólo hechos, datos y dichos, eh, que conste. Lo aclaro por aquello de las denuncias.

De allí que me resulta literalmente una burla que ahora “ya saben quién” se comprometa a esclarecer el Caso Ayotzinapa. ¿De verdad creen que lo va a hcer? O, típico en él, culpará al gobierno de Enrique Peña Nieto, con lo que liberará a su “compadre y protegido”, José Luis Abarca, y a la esposa de éste, María de los Ángeles Pineda. Sólo que basta recordar que este matrimonio es procesado por el asesinato de seis personas, no por la desaparición de los 43 estudiantes, lo cual, créanlo, no será problema para que obtengan su libertad su “padrino”.

Otro dato que me viene a la cabeza me lleva a julio de 2017, cuando opositores a Morena en la ahora desaparecida Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) exigieron la renuncia del jefe delegacional de Tláhuac, Rigoberto Salgado Velázquez, por presuntos vínculos con el capo Felipe de Jesús Pérez Luna, “El Ojos”, señalado como jefe del Cártel de Tláhuac.

Empero, los “honestos y rectos” diputados locales de Morena se opusieron, a pesar de que “Rigo” es brazo político de “la mafia de Tláhuac”, integrada por sus hermanos: Rigoberto, Ricardo, Raúl y Rosendo Salgado. Hoy “Rigo” es diputado local de Morena en el Congreso de la Ciudad de México. Una prueba más de que el narcotráfico está metido en ese partido de “honestos”.

De igual forma, en esos días el todavía senador Alejandro Encinas exigió que Miguel Ángel Mancera, entonces jefe de Gobierno capitalino y acérrimo enemigo de Morena, explicara por qué la Marina intervino en Tláhuac para abatir a “El Ojos”. Es más, el “honesto” morenista y hoy subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación comparó el operativo contra el crimen con “del 68”.

Meses antes, en febrero de 2017, la Marina enfrentó y abatió al jefe del Cártel de los Beltrán Leyva, en Nayarit, El H2. Pero de manera sorprendente e insólita, “ya saben quién” defendió al narco, “porque fueron masacrados jóvenes y niños”, juró y perjuró. Aunque nada dijo después –típico en él–, cuando se aclaró que los abatidos eran verdaderos narcos, “no jóvenes y menos niños”.

Meses después el “Mesías de Macuspana” propuso la amnistía a los narcotraficantes, mismos que han emboscado y asesinado a marinos, soldados, policías federales, estatales y municipales, civiles, a familias enteras y hasta con fusiles derriban aviones y helicópteros. Sólo ha dicho que “para esos, el perdón”.

Pero si aún siguen de incrédulos, quiero recordarles que previo a la creación de Morena, la ahora líder nacional de ese partido, Citlali Ibáñez, quien se hace llamar Yeidckol Polevnsky, y Delfina Gómez Álvarez, ex candidata al gobierno del Estado de México, fueron enlace de López Obrador para financiar la construcción de Morena en Guerrero.

Medios locales destacaron que las “honestas y rectas” señoras habrían pactado con Lázaro Mazón y José Luis Abarca la entrega de dinero a cambio de candidaturas. Aunque ese dinero vendría de los Guerreros Unidos, a quienes se les acusa de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Hoy, Yeidckol, como ya lo cité, es presidenta nacional de Morena, mientras Delfina es coordinadora de los Programas de Desarrollo en el Estado de México, mientras que el capo: Lázaro Mazón, pese a ser señalado como el emisario de Abarca para llevar dinero a las arcas de “ya saben quién”, no alcanzó a ser diputado federal de Guerrero por la alianza PAN, PRD y MC.

¡Uf! Verdad que son muchas “coincidencias”. Aunque, insisto, no quiero decir que ese muchachote tan honesto y bonachón de Tabasco y su “recto” partido tengan nexos con los capos. Sólo son “coincidencias”, que conste, eh.

Y les reitero, ya habrá oportunidad de seguir citando más “coincidencias” de estos “honestos y rectos” morenistas y su patrón. Total, hoy son los dueños de México y hacen y deshacen a su antojo. Los malos están en el poder, aunque aseguran que mejoraran las condiciones del país. Así lo decidieron 30 millones de mexicanos. Pero en fin, allá ellos. ¿A poco no?