ENTRE LÍNEAS

Por Fernando Hernández López

 

 

Para Alexia y Elena

 

La noche del viernes 20 de septiembre, ocurrió el segundo temblor (la réplica), al estar solo en casa -porque mi mamá se encontraba en casa de mi tía- había salido a la calle, recuerdo bien el cielo iluminado por detrás del Cerro de la Estrella, se fue la luz y en ese momento sentir el segundo temblor, intenté quedarme quieto, pero fue imposible y solo acerté a correr hacia donde estaban mis amigos.

 

Estábamos en la calle Luis, Magdalena, Salvador, Sara, Cecilia y un gran susto, mi madre llegó a los pocos minutos, caminaba sobre la calle de Altamirano cuando inició el temblor. En esos momentos ya no podía ser peor la tragedia, ya los capitalinos, nos acostumbrábamos a los movimientos telúricos.

 

Paradójicamente, el año de 1985 había sido declarado por la ONU, como el “Año Internacional de la Juventud” y precisamente en la ciudad de México, en medio de la tragedia, fue la juventud la que saco la fuerza y entereza para echar para adelante a la ciudad.

 

Seguramente muchos de esos lugares que cayeron aquel 19 de septiembre si los conocí, no los recuerdo, en buena medida lo que mi mente registró fueron las imágenes de la televisión, sí, recuerdo parte de la narración de Jacobo por la XEW. Sé que muchas cosas cambiaron a partir de ese momento, pero también entiendo que es parte de ciclos que se deben completar.

 

IV

 

El jueves 19 de septiembre a las 07:19 horas, se registró un terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter, con epicentro en las costas de Guerrero y Michoacán. Se cayó el edificio de Televisa Chapultepec, el Hospital Juárez, el edificio Nuevo León en Tlatelolco, el Centro Médico Nacional, talleres de costura en San Antonio Abad, el Hotel Regis, el restaurante Super Leche, el conjunto Pino Suárez, la estación del metro Chabacano, los Televiteatros, muchas casas de las colonias Roma y Morelos; aproximadamente mil edificios se destruyeron y más de cinco mil sufrieron daños, lo que originó su posterior demolición, como el emblemático “Hotel del Prado” en Avenida Juárez.

 

Los topos se hicieron héroes, pero hubo muchos jóvenes de todo estrato social que con lo que pudieron ayudaron a remover escombros, fueron 16 bebés que se rescataron del Hospital Juárez y del Centro Médico.

 

Se habló de 10 mil muertos, seis millones de damnificados, nada preciso, nada claro, pero bastaba con recorrer las colonias: Centro, Guerrero, Roma y Morelos, para observar la magnitud de la tragedia.

 

No puedo olvidar el olor que se percibía transcurrido un mes después del terremoto, cuando fui al centro por primera vez y estoy seguro que nunca más he olido algo similar. Fuimos a un bazar que se encontraba en la explanada de la construcción (la obra negra) del que iba ser el “Hotel de México”, hoy el World Tarde Center, compré mis primeros tenis Adidas y posteriormente nos dirigimos al Zócalo en metro, pasamos por la zona del Metro Chabacano y por primera vez en mi vida vi edificios derrumbados, eran los talleres de costura, donde habían muerto muchas costureras y a ahí se percibía aquel olor a muerte.

 

La tragedia marcó los años 80 en nuestro país, hacía apenas 10 meses antes la Ciudad de México había vivido la explosión de San Juanico. Existía ya una línea ascendente en el comercio informal como consecuencia de la crisis económica por la que se atravesaba, en buena medida por el desplome del precio del petróleo y la enorme deuda económica contraída por nuestro país.

 

Después del 19 de septiembre, se empezó a escuchar aquella frase de “México Sigue en Pie”, con la cual el gobierno buscaba rescatar la confianza de los inversionistas, en parte porque faltaban unos cuantos meses para el inicio del campeonato mundial de futbol.  La Ciudad de México resurgía de entre los escombros y retomaba el camino, aunque ya nunca fue la misma, sus habitantes ya no teníamos la seguridad de que no se repetirá un fenómeno similar, situación que ya volvimos a experimentar el 19 de septiembre de 2017.

 

En la actualidad recorrer las calles de la ciudad te puede llevar al pasado, caminar por la Avenida Juárez es sinónimo de esplendor y tragedia. En este 2019, ahí donde estaba el Hotel Regis existe la Plaza de la Solidaridad, ahí donde el Super Leche, la estación del Metro “San Juan de Letrán”, donde el Nuevo León, un parque, en la Plaza de la República se levantó un nuevo edificio, donde había un hotel, se reconstruyeron el Centro Médico y la estación del Metro Chabacano, muchos edificios colapsados aún están en pie, sobre Avenida Juárez, el Eje Central o la colonia Roma, otros más se convirtieron en estacionamientos o terrenos baldíos, otros, continúan en pie, en ruinas, como testigos que no permiten olvidar lo ocurrido.

 

Se instituyó la cultura de protección civil, se creó el Centro Nacional para la Prevención de Desastres y cambiaron los reglamentos de construcción.

 

En noviembre de ese año regresé a clases, compartíamos las instalaciones con alumnos de la secundaria de “Jacarandas”, así terminamos el año escolar. En la navidad del 85 todos nos sorprendimos con el gran robo de piezas arqueológicas del Museo Nacional de Antropología (que años después, en su mayoría fueron recuperadas), en octubre, murió el actor Rock Hudson y empezábamos a escuchar de una nueva enfermedad: SIDA

 

En enero de 1986 nació María Fernanda y María del Carmen cumplía 11 años, en junio tuve mi fiesta de graduación en el salón “El Trigal”, al tiempo que se llevaba a cabo el campeonato Mundial de Futbol, ya solo escuchábamos de “Pique”, goles, Chiquiti Bum”, Maradona, festejos en la Columna de la Independencia y penaltis.

 

Poco a poco parecía que el terremoto quedaba atrás, aunque no para las familias damnificadas, porque para muchas de ellas, la tragedia continuaría y continúa.

 

Han pasado 34 años, que se dicen fácil, pero es más de la mitad de mi vida y creo que aquel 19 de septiembre aún no pensaba siquiera que sería de mí. En estos años he tenido un sin fin de experiencias, alegrías, tristezas, aventuras, engaños, desengaños; he aprendido y he madurado, sé hacia dónde voy.

 

Hoy en 2019 es otra la realidad, ya no soy el adolescente que apenas empezaba a descubrir el mundo, ya no vivo de sueños e ilusiones, ya soy un hombre con responsabilidades, con muchas metas todavía por concretar.

 

Pero también he aprendido al igual que los millones de personas que habitamos la Ciudad de México que en dos minutos puede cambiar nuestra vida, que la naturaleza no tiene hora, ni día para hacernos recordar lo vulnerable que somos ante ella.

 

 

Politólogo UAM-I

Twitter: @fer_hernandez71