Entre Líneas

Por Fernando Hernández López

 

 

“Mi ciudad es chinampa en un lago escondido, es cenzontle que busca en donde hacer nido, rehilete que engaña a la vista al girar”, Guadalupe Trigo

 

Para Alexia y Elena

El siguiente texto fue escrito originalmente en 2005, con algunas adecuaciones, ahora en 2019 lo comparto.

I

Desde hace algunos días pensaba en cómo platicaría a la pequeña Alexia María acerca de acontecimientos ocurridos. Reflexionaba lo importante que será en un futuro entender sucesos que han marcado a nuestro país y primordialmente a la Ciudad de México.

 

Sí, a esta hermosa ciudad, a la que he aprendido a disfrutar y admirar, por la riqueza de su historia, de sus habitantes, de sus construcciones y por todo lo que representa.

 

Pensaba en lo difícil que podría ser comprender algo como el terremoto de 1985. Quizá pareciera intrascendente platicarlo, pero es un acontecimiento fundamental para entender el México contemporáneo y porque indudablemente el conocerlo implica crear conciencia; para así fomentarle lo importante de aprender sobre nuestro pasado.

 

En México, la generación de los sesenta-setenta fue marcada por sucesos como; el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, fueron testigos de los Juegos de la XIX Olimpiada “México 68”, la IX Copa Mundial de Futbol “México 70”, la Guerra Sucia, la Liga 23 de Septiembre, el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, las crisis económicas, devaluaciones, movimientos sindicales, etcétera.

 

Para la generación de los ochenta-noventa, el terremoto del 19 de septiembre de 1985, fue uno de los sucesos más importantes, marcó un antes y un después en diferentes rubros, fueron testigos de la XIII Copa Mundial de Futbol “México 86”, el levantamiento armado en Chiapas del EZLN y el homicidio del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta, crisis y devaluación.

 

A esta segunda generación es a la que pertenezco e indudablemente no puedo negar que he podido ser testigo de hechos que han quedado en la historia; pero también, somos la denominada “Generación X”, a la que nos ha correspondido adaptarnos a los diversos cambios que han habido, en cuanto a tecnología, reglas, costumbres, música, y muchas cosas más.

 

Aprendimos a escuchar música desde los acetatos de 33 y 45 revoluciones, en cassettes con grabadoras de una o dos caseteras y por supuesto los clásicos walkman, pasamos al CD, al revolucionario formato Mp3, la música en línea, audífonos inalámbricos, vimos películas en formato Beta y VHS en videocaseteras, en DVD y hasta llegar a las actuales plataformas.

 

Aprendimos hacer tareas en maquinas de escribir, y después en computadoras personales, laptops, tabletas y teléfonos inteligentes.

 

De tal manera que es el terremoto de 1985, el episodio del cual ahora quiero platicar, el cómo recuerdo mi vida en ese año, que ocurría en el país, que mirábamos en la televisión y el cine, que escuchábamos; pero primordialmente me gustaría no pasara desapercibido para Alexia; porque marca una nueva etapa en el desarrollo de la Ciudad de México y el país.

En este sentido debo decir que afortunadamente nadie cercano a la familia se vio afectado por este movimiento telúrico, ni en lo físico ni en lo material, pero todos por igual sufrimos los efectos que deja un evento de tal magnitud, en mi caso, el dejar de asistir a la escuela durante 2 meses, por estar dañado el edificio de la secundaria Diurna número 98Federico Froebel”.

 

El 5 de septiembre, yo había cumplido 14 años, iniciaba el tercero de secundaria, esperaba con ansia el mundial de Futbol de 1986, leía mucha historia, me gustaba ir a Pericoapa a comprar películas (cuando aún era un bazar en un terreno, con puestos de metal y lejos de pensar que años después se convertiría en una plaza comercial), escuchaba Radio Alegría, Radio Variedades y Universal FM, me aprendí de memoria el poema la noche quedo atrás de Manuel Otero, que durante nueve años escuché a las seis de la mañana porque mi papá prendía la radio y la voz de Adolfo Fernández Zepeda lo recitaba. Veía a Don Gato y su Pandilla, las películas del Santo, crecí con la Guerra de las Galaxias, ya podía ver películas de terror completas, íbamos a los Cinemas Churubusco, al Dorado 70, el Pedro Armendáriz y el Quetzalcóatl.

 

Mi mamá nos llevaba a Sears, a Liverpool, a veces iba con mis primos a las chispas de Plaza Universidad, las mismas que volaron junto con un coche bomba 9 años después. Seguíamos a Hugo Sánchez, al “Toro” Valenzuela, Julio Cesar Chávez y aún vibrábamos al recordar a los machistas Raúl González y Ernesto Canto en los Juegos Olímpicos de los Ángeles 1984.

Continuará….

Politólogo UAM-I

Twitter: @fer_hernandez71