LA CIUDAD DE LAS MUJERES

Por Layla Sánchez Kuri

 

 

Hace unos días se armó un revuelo en las redes sociales por un anuncio de la marca de rastrillos Gillette, que invita a los varones a cuestionar lo que ahora dicen “masculinidad tóxica”.

 

Ese concepto, lo tóxico, tan de uso común en nuestros días, no es precisamente el más indicado para referirse a la masculinidad hegemónica, es decir la masculinidad dominante, la que está socialmente normada y aceptada.

 

Usuarios de todo el mundo manifestaron su descontento con el anuncio donde hombres hablan a otros hombres para decir que está mal que a una mujer se le acose y se le violente.

 

Después de movimientos globales como el Me Too y la carta de las francesas en respuesta a este movimiento surgido en los Estados Unidos, se ha generado una ola feminista que ha llegado hasta los discursos políticos, los medios de comunicación y la publicidad.

 

Adherirse a lo políticamente correcto, a veces sólo por seguir el ritmo de las cosas más que tener una consciencia real del problema, está generado efectos.

 

Desde He for She, campaña promovida desde la Organización de las Naciones Unidas, hay un tendencia de incluir a los varones a las discusiones planteadas por el feminismo desde hace 200 años.

 

Lo que llama la atención es el enojo de varios de ellos cuando se les cuestiona sus prácticas establecidas a partir de lo que se llama mandato de género en oposición a lo femenino. Ha sido una manera de hacerles ver que hay conductas, ideas y comportamientos incorrectos en un mundo donde el avance de las mujeres en todas las áreas del conocimiento y los aportes de estas a la vida política, económica y cultural de las sociedades ha sido muy importante pero invisibilizada y desconocida.

 

Por ello, mucho del trabajo político del feminismo ha sido ese, mostrar, dar a conocer la vida y obra de muchas mujeres en la historia para decirnos a todas que existen referentes femeninos en las cuales podemos tener un espejo de éxito.

 

Toca a los hombres hacer una reflexión entre ellos de los movimientos que trae esta ola. Los cambios son irreversibles. Las sociedades son dinámicas, cambian con el tiempo.

 

Ya decía Carlos Monsiváis que la única revolución con logros en el siglo XX es la revolución feminista, y en ella se incluye a los varones.

 

Los mandatos de género son construcciones sociales, se establecen por normas y reglas en la colectividad. Responden a consensos culturales, por lo tanto, no son absolutos, existe la posibilidad de transformarlos.

 

Hay una amplia gama de prácticas de la masculinidad. No existe una forma determinada de ser hombre. La invitación es, como hombres, reflexionen, cuestiónense en sus privilegios, en sus conductas. Les invito a dar ese paso, sólo ustedes pueden hacer ese trabajo. Las mujeres hemos avanzado juntas en los espacios de reflexión y acompañamiento, pero la realidad es que hay hombres que no aceptan esta situación entonces agreden, violentan de muchas formas y hasta comenten feminicidio, en lo que entienden como una lucha de poder entre los géneros.

 

Eso debe cambiar. La invitación es a caminar juntas y juntos, en equidad.