Falso Nacionalismo

por | Mar 28, 2019 | Columnistas, Destacados

Fotografía: Especial

Entre Líneas

Fernando Hernandez López – Politólogo

 

 

Sí algo ha caracterizado la construcción de lo que hoy es nuestro país, son esos momentos históricos memorables, las diversas tragedias, los personajes notables de una gran lucidez, muchos héroes; pero también villanos, traidores y un sin fin de anécdotas.

 

Así se ha construido nuestra historia, en un lado de la balanza la versión oficial y en el otro la real, donde igual se nos ha presentado al último Emperador Azteca, Cuauhtémoc como un joven vigoroso, valiente y defensor de sus raíces, a Hidalgo como un cura bueno que anhelaba la libertad de la Nueva España, a Juárez como un defensor de sus raíces indígenas y un demócrata, a Díaz como uno de los villanos favoritos causante de muchos de nuestros males, Madero como un hombre bueno que quería acabar con las injusticias contra el pueblo, a Cárdenas como el gran líder post revolucionario o Francisco Villa como alguien generoso y luchador de las causas justas.

 

En este sentido, la historia de nuestro país se formó con base en el romanticismo a mitos, leyendas o relatos extraordinarios que en muchos casos no están apegados a la realidad.

 

Ese falso nacionalismo, se fortaleció en la segunda mitad de los años 40, durante el Gobierno de Miguel Alemán y que era más que nada, una respuesta al fantasma del Comunismo y de la Guerra Fría. Fue de esta manera que se construyeron mitos históricos, a través de libros de texto y de películas de corte histórico.

 

Es así como, se omitió por ejemplo que Hidalgo y Morelos tuvieron hijos, bebían o jugaban cartas, a pesar de su condición de curas.

 

Se enarboló a Juárez como un indígena defensor de sus orígenes, cuando en realidad nunca hizo algo por ellos; por el contrario, siempre creyó que debían apegarse a las leyes, que de no haber muerto se habría eternizado en el poder y que tampoco fue un pastorcito que huyó de Guelatao.

 

Durante décadas los Niños Héroes fueron la referencia de heroísmo, cuando investigaciones de años recientes, han señalado que no existieron, que Juan Escutia no se envolvió en la bandera y se aventó al barranco en el Castillo de Chapultepec.

 

Que tampoco los restos encontrados en Guerrero eran de Cuauhtémoc, es más, ni siquiera hay certeza de que los restos depositados en la Columna de la Independencia sean de los héroes fusilados.

 

De igual manera, los Aztecas no fueron un pueblo pacífico, por el contrario, sometieron a pueblos vecinos, los masacraron, les cobraban tributo y hacían sacrificios humanos.

Así muchos ejemplos de hechos cambiados y que solamente se contaron en la historia oficial, es decir, varias generaciones de mexicanos crecimos con la historia llena de simbolismos que nos crearon un nacionalismo a veces absurdo, que en nada ha abonado a construir una nacionalidad objetiva, solo nos creó un espejismo donde hay buenos o malos, donde los héroes eran figuras casi inmaculadas sin ninguna posibilidad de que cometieran errores o excesos.

 

Iturbide, Santa Anna y Diaz son los eternos villanos de la historia, sin estudiarlos con objetividad, en su momento histórico y sin reconocer sus aportaciones en la construcción de nuestro país, sin olvidar claro, sus excesos, como ha ocurrido con todos los personajes de nuestra historia.

 

El muro de honor de la Cámara de Diputados, lleno de los nombres de nuestros héroes en letras de oro y muchos de esos nombres de personajes que forjaron su “leyenda” al traicionar a otro personaje, la revolución es el mejor ejemplo.

 

Por eso se entiende lo hecho por el presidente Andrés Manuel López Obrador con esa formación llena de complejos, donde los españoles son los malos, conquistadores que vinieron acabar con un pueblo bueno, lleno de virtudes y conocimiento, situación que dista mucho de la realidad.

 

Si bien, los conquistadores españoles cometieron excesos, impusieron su cultura y creencias con base en la fuerza, a costa de la sangre de miles de naturales, es cierto que gracias a esta situación se creó lo que hoy somos como nación, y que también, muchos pueblos para vengarse de los maltratos recibidos se unieron a los españoles y así fue como estos últimos se fortalecieron para vencer a los Aztecas, no olvidemos a los Tlaxcaltecas.

 

Aquel acontecimiento de 1521 permitió que seamos ahora una sociedad más rica en tradiciones, cultura, costumbres y conocimiento, de no haberse dado aquella fusión de dos culturas no existiríamos.

 

Ahora bien, si juzgamos a los españoles de aquel tiempo con las reglas que hoy existen, por supuesto que por donde lo analicemos hubo cientos de violaciones a diversos derechos, es por esta razón que debemos de estudiar y analizar los hechos históricos de acuerdo con su coyuntura, entender que era otro momento, otra circunstancia y así hay que comprenderlo.

 

Porque entonces también debemos de juzgar a los Aztecas por la matanza de españoles en la Noche Triste, a quienes asesinaron a los de la Vieja España en la Alhóndiga de Granaditas que pertenecían al ejercito encabezado por Miguel HidalgoFrancisco Villa, Emiliano Zapata y demás héroes revolucionarios por todos los mexicanos que fueron fusilados por órdenes de ellos y así más ejemplos.

 

Es así como debemos entender que los españoles eran una nación bárbara, imperialista; pero también, que los pueblos prehispánicos eran igual de bárbaros, cometían excesos, los Aztecas sometían a los demás pueblos, sacrificaban a personas, no pregonaban la paz o el respeto a los derechos humanos, lejos estaban siquiera de conocerlos.

 

Además, después de 500 años, las heridas han sido subsanadas, entre México y España, nada tiene que ver la sociedad de 1521 y la de 2019 de las dos naciones.

 

En un primer momento en 1832, cuando ya existía México y posteriormente se reafirmo en 1810, cuando en las fiestas del Centenario, España en muestra de amistad y reafirmó que todo quedaba en el pasado, devolvió a nuestro país el uniforme del generalísimo José María Morelos y Pavón, el cual fue recibido por el expresidente Porfirio Diaz.

 

Por esta razón parece más una ocurrencia o un acto con el fin de sacudirse sus complejos que el presidente López Obrador haya solicitado al Rey de España que ofrezca una disculpa a los pueblos originarios de nuestro país por los hechos sucedidos hace casi 500 años.

 

Si lo que se pretende con esta situación es dignificar a nuestro pueblo, se debe entonces primero llevar a cabo al interior por parte de las actuales autoridades, políticas públicas encaminadas a mejor la situación de las comunidades indígenas, respetar sus derechos, darles las herramientas necesarias para que accedan a un trabajo digno, educación, salud de calidad y demás servicios sociales para que de esta manera puedan tener una adecuada movilidad social.

 

Ni los pueblos indígenas, ni los mexicanos en general, necesitamos que ninguna nación nos ofrezca disculpas; por hechos del pasado, lo que se requiere es que las autoridades hagan su trabajo y que todos nos respetemos, que hagamos valer lo establecido por el artículo 1º de nuestra Constitución.

 

Porque de no ser así, son nuestras autoridades las que deben disculparse con los indígenas, las mujeres, los infantes, los adultos mayores, personas con discapacidad, hombres y jóvenes, por todas las omisiones, agravios y afectaciones que se han cometido, y no hablamos de 500 años, no, solo de los últimos tres meses.

 

De lo contrario, ese falso nacionalismo del presidente de envolverse en la bandera para aventarse al vacío como Juan Escutia, sólo es un acto demagogo y burdo, con el cual busca distraernos de los problemas reales que nos aquejan.