Cogito Ergo Sum

Por Pedro Cabrera

 

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara se ha convertido, sin desearlo, en el lugar en que los idiotas se exhiben y los soberbios se regodean.


 

Conozco a Paco Ignacio Taibo II de las dos formas en que se puede conocer a un hombre: por sus dichos y por su actuar.

 

El primer libro que leí del historiador y escritor fue Arcángeles: Doce historias de revolucionarios herejes del siglo XX, allá por el lejano 2008.

 

Este interés surgió por las diferentes voces de amigos cercanos, que recomendaban al creador del género neopolicíaco en América Latina.

 

“¡Ese Taibo II está bien loquito!; tienes que leerlo”, sugería una de esas voces; o “¡no manches!, el detective Héctor Belascoarán de las novelas de Taibo II, es la onda”.

 

La razón les asistía a los amigos cercanos: leer a Paco Ignacio Taibo II era un deleite y un gozo.

 

Bajo una narrativa sencilla y digerible el escritor nos conduce a la diversión, a la historia, al proyecto político y al rescate de la memoria colectiva, todo ello en sus más de 50 libros editados. Paco Ignacio Taibo II es sin duda el escritor mexicano más prolífico y multipremiado de finales del siglo XX y principios XXI.

 

Fundó el Colectivo Brigada para leer en libertad, que a lo largo de nueve años se ha convertido en un espacio de punto de encuentro de todos aquellos interesados en la lectura y en conocer a los autores de los libros que ahí se exhiben. En este lugar escuché por primera vez y de viva voz las ideas y posturas políticas de Taibo II.

 

En la explanada de la antigua delegación Tlalpan retumbaban dos o tres leperadas que salían de aquella boca que no paraba de fumar Marlboro y beber Coca-Cola; presentaba ante un auditorio abarrotado el libro Temporada de Zopilotes -una historia narrativa de la decena trágica-, y sin temor a equivocarme la mayoría de los asistentes compartíamos el enojo y la indignación de Paco Ignacio Taibo II.

 

“El presidente Madero no fue un pendejo. Fue un hombre que desgraciadamente confió en un ebrio y mariguano como lo fue Victoriano Huerta”, expresó Taibo II. En aquella ocasión, todos reímos.

 

La última vez que escuché a Paco Ignacio Taibo II fue en la UAM-Cuajimalpa, donde presentó el libro Que sean Fuego las Estrellas. Barcelona (1917-1923). Una historia narrativa de sindicatos y pistoleros.

 

En otro momento, realizaba una investigación sobre el florecimiento del anarcosindicalismo en el antiguo Pueblo de Contreras. En una charla meses atrás Paco Ignacio me sugirió leer el libro antes citado y me obsequió un tomo de Queremos Todo, de Nanni Balestrini. “Te va a permitir entender el contexto y la lucha del anarcosindicalismo”, comentó.

 

De nueva cuenta, ante un auditorio a tope, en uno más de mis encuentros con Paco Ignacio, soltó una de sus tantas leperadas.

 

-Me encuentro a un cuate subiéndose a un semáforo con un pinche martillo para partirle la madre al semáforo, y le digo: Camarada ¡bájese de ahí!

-No,  es que es el Sistema, dice desde arriba de donde está trepado.

-Le digo ¡no mames!, ¿el Sistema?; quieres partirle la madre a un semáforo ¡vete enfrente de Los Pinos güey! 

 

De nuevo todos volvimos a reír.

 

Sin duda el historiador, el escritor y el militante convergen en un hombre que se sincera al hablar, comprometido con su labor de promotor cultural y crítico ácido del gobierno en turno. Causa simpatía y empatía con sus lectores y escuchas, quienes puntuales a la cita en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, le escucharon decir: “sea como sea, se las metimos doblada, Camarada.”

 

Y todos volvieron a reír.

 

Pero señor historiador cometió un error. No es esta la primera vez. Olvidó que ya no es el militante en la oposición; sobrestimó la molestia generada por querer reformar a conveniencia la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para que pueda acceder a la dirección del Fondo de Cultura Económica.

 

Utilizó un lenguaje que denosta y se mofa del otro; que atenta contra el discurso de integración y respeto a la diversidad sexual y a la comunidad LGBTTI.

 

En la grabación de tan desafortunada frase que circuló a través de redes sociales, observamos a un Paco Ignacio Taibo II pedante, soberbio y cínico, que no está por demás decir, son comportamientos que reprueba la sociedad mexicana.

 

Esta vez se ha equivocado, señor historiador. Pero confío en que el escritor y novelista único que es usted, corrija y reescriba este pasaje.