Crónicas de la Ciudad

Por Alex Vega

 

El nuevo Congreso de la Ciudad de México continúa inmerso en un grotesco ejercicio parlamentario en el que predominan irregularidades y faltas a las normas que rigen el trabajo de los legisladores.

 

Pocos entienden la permanencia de Carina Piceno al frente de la Coordinación de Servicios Parlamentarios. La única referencia que al parecer la mantiene en ese importante cargo es su vinculación con el diputado de Morena, Eduardo Santillán, y los acuerdos que este congresista estableció cuando ocupó la vicecoordinación de ese grupo parlamentario.

 

Una y otra vez el presidente de la Mesa Directiva, diputado Jesús Marín del Campo, es exhibido por los diputados Jorge Gaviño Ambriz, del PRD, y Jorge Triana Tena, de Acción Nacional, por su falta de conocimientos para conducir la sesión, por sus incoherencias y muchas veces hasta por sus ridiculeces.

 

Sin embargo, el problema principal, y que pocos señalan, es la mala asesoría que ofrece Carina Piceno y sus colaboradores de Servicios Parlamentarios al presidente de la Mesa Directiva. Las sesiones en Donceles transcurren entre estultos debates –como los definió el diputado Triana– y los apuros del diputado Martín del Campo para justificar sus decisiones que incluso han modificado las normas escritas del debate parlamentario.

 

Desde el pasado 7 de noviembre en una primera entrega para Entre Comillas se puntualizó que la ausencia de un profesional equipo que oriente el desempeño de los diputados del Congreso de la Ciudad de México, había provocado que el trabajo de los legisladores caminara con muchos desaciertos en la aplicación de las normas para el debate y la aprobación de reformas y puntos de acuerdo.

 

Sin el menor conocimiento de las reglas básicas para conducir el debate parlamentario, el presidente de la mesa directiva en Donceles, diputado Jesús Martín del Campo, tropieza con inusitada frecuencia en el otorgamiento del uso de la palabra para quienes por alusiones personales, de partido o hechos, la solicitan.

 

Una y otra vez en cada sesión los errores surgen ante la inoperancia de los integrantes de Servicios Parlamentarios. No hay en el recinto parlamentario quién pueda defender al presidente de la Mesa Directiva, que a pesar de su larga trayectoria ignora las reglas legislativas e imponen las propias.

 

Aunado a esos problemas, en el recinto del Congreso de la ciudad se presentan reformas y puntos de acuerdo que desacreditan aún más el trabajo de algunos diputados que, por ejemplo, están preocupados por inhibir el consumo de cervezas a partir de reformar la Ley de Establecimientos Mercantiles para obligar a las tiendas de abarrotes a venderlas “al tiempo”, sin refrigeración.