Maraña Política

Por Aquilés Baeza

 

 

*Leduc decía que no pude ocultarse lo ladrón y lo pendejo

 

*Nadie entiende por qué Pemex no cerró el ducto ‘asesino’

 

*Ahora familiares de las víctimas exigen indemnización

 

 

 

Bien decía el maestro Renato Leduc que hay dos cosas en la vida que no puedes ocultar: “Lo ladrón y lo pendejo”. Y justamente estas cualidades las llena íntegramente el actual Gobierno Federal. ¿A poco no?

 

Ejemplos existen muchos, infinidad de ellos. Pero ahora, con los lamentables acontecimientos del viernes pasado en el poblado de Tlahuelilpan, donde hasta este lunes ascendía el número de muertos a 93, la autoridad dio muestra viva de llenar ambas virtudes. Y claro que pudo evitarse, pero la corrupción de este nuevo gobierno lo impidió.

 

Basta recordar que cuando inició toda esta “maraña” del desabasto de combustible, el Lord de Macuspana aseguró que Pemex tenía -y tiene- plenamente controladas las tomas clandestinas que realizan los “huachileros”, por lo que, ante esto, proceden a cerrar los ductos que son saboteados por estos delincuentes, quienes, por “extrañas” razones, nunca son detenidos.

 

Incluso, este domingo, por ejemplo –dos días después de la tragedia en el estado de Hidalgo-, Pemex abrió el ducto Salamanca-Guadalajara y tres horas más tarde volvió a cerrarlo, al descubrir una toma clandestina en el kilómetro 78 del ducto.

 

De allí mi pregunta: ¿Cómo sabían los criminales que ya había combustible en ese tramo? Y no es para pensarlo mucho, pues las filtraciones salen de donde se tiene el conocimiento por dónde va la gasolina, no nos hagamos pejelagartos, por favor.

 

Resulta extraño que el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, no haya relevado al personal que opera en las refinerías y tampoco a quienes desde la Torre de esa paraestatal dan seguimiento al llenado de ductos y saben de dónde y hacia qué parte corre el combustible.

 

Este buen compadre y amigo de René Bejarano Martínez, “El Señor de las Ligas”, muestra que algo le aprehendió a su “amigo”, pues “está descuidando” una de las áreas más importantes para evitar las tomas clandestinas y el robo de gasolinas. Y aquí otra pregunta: ¿O desconoce la identidad de esos “traidores” o bien es el nuevo jefe del “huachicol” en el país? No hay de otra.

 

Basado en este proceder, lo del ducto Salamanca-Guadalajara, no entiendo por qué el viernes no cerró Pemex la línea que pasa por el poblado de Tlahuelilpan. “Extrañamente” espero y espero a que ocurriera “algo”. No quiero pensar que desde la paraestatal o de Palacio Nacional se fraguó ese macabro plan de que ocurriera la tragedia. De verdad, no lo quiero establecer así. Pero por la actitud de toda la autoridad, ya me hacen dudar.

 

Sobre todo porque si ustedes, queridos tres lectores, como su Charro que checa a cada momento las “benditas” redes sociales, desde la tarde del viernes comenzó a difundirse la forma en como la gasolina salía del ducto, como si fuera la fuente del Monumento a la Revolución. Pero más me sorprendió la forma en que la gente disfrutaba el hecho, sin medir las consecuencias. Hasta parecía un día de campo con una cascada de agua y no de ese peligroso y flamable combustible.

 

Después de más de cuatro horas continuaba llegando más gente no sólo para participar en el macabro ágape, sino para robar la gasolina. Lo mismo hombres, mujeres y niños, tomaban el combustible ante la complaciente mirada de militares y policías municipales, quienes tenían la orden de no “reprimir”, de no evitar el delito.

 

De allí que, insisto, algo raro ocurrió con todo esto. ¿Acaso “ya saben quién” esperaba una desgracia de estas proporciones? Espero que no. Aunque si analizamos la pregunta que le hizo en la “mañanera” mi amigo, mi hermano, Urbano Barrera, al Lord de Macuspana, crecen mis suspicacias, sobre todo porque no hubo respuesta.

 

El Frijol”, como conocemos sus amigos -entre los que se cuenta su Charro- a Urbano Barrera, le preguntó que si salió de Aguascalientes a las 23:30 horas, como lo afirmó, cómo es que llegó a las 0:45 horas -es decir, una hora y 15 minutos después-, cuando la distancia para llegar a Tlahuelilpan es de 470.7 kilómetros. “¿Llegó en algún helicóptero que tanto repudia, o porque medio lo hizo, porque en auto, como lo asegura, es imposible cubrir esa distancia en tan corto tiempo?” No hubo respuesta.

 

No es raro que el Lord de Macuspana, como buen dueño de Morena, hizo como que la Virgen le hablaba. Así es él. Sólo responde preguntas a modo. Y cuidado que algún reportero haga lo contrario, pues corre el riesgo de que le impidan entrar a la próxima conferencia.

 

Así lo hizo cuando fungió como jefe de Gobierno, como le ocurrió a quien esto escribe. Pero ojalá y hubiera quedado sólo en prohibirle su ingreso a la “mañanera”, sino también ordenó a la Procuraduría iniciarle una averiguación previa por difamación, lo cual no pudo demostrar, él, claro. Así se las gasta este emblema de la incorrupción, de rectitud, de hablar siempre con la verdad. Puro cuento.

 

Pero regresando a la tragedia de Tlahuelilpan, a este sujeto, al que cobra en Palacio Nacional por hacer nada, no quiere aceptar que las víctimas incurrieron en un delito. No hay de otra, por más que los defensores de los derechos humanos y los que se dicen de buen corazón, digan que “es ejemplo de la pobreza”. A otro perro con ese hueso. Tanto las personas fallecidas como las heridas, al momento de la explosión, cometían un delito.

 

Ah, pero ahora los familiares de todas estas víctimas exigen indemnización. Vaya cinismo. Y el Lord de Macuspana, como si aún estuviera en campaña, les ofreció un “dinerito”: 10 millones de pesos, por cada persona que falleció, y cinco millones, para cada lesionado. ¿Háganme ustedes el favor, mis queridos tres lectores? Ahora hay que pagar al delincuente que muere o resulta herido. Esa es la Cuarta Transformación.

 

Aunque si nos remontamos a las añejas enseñanzas de la criminología, de que todo asesino regresa al lugar de los hechos o ayuda a los familiares de sus víctimas, pues habría que entender a este falso Mesías. No es que desee ayudar a los deudos de los 93 muertos y la decena de heridos, sino que hay culpa, su conciencia -porque sigo creyendo que aún la tiene-, no lo deja tranquilo y que mejor con callarles la boca con dinero. Como buen “capo”.

 

Es más, luego de conocerse la exigencia de los familiares de los muertos y heridos, en las “benditas” redes sociales comenzaron los ataques al Lord de Macuspana, acusándolo de que “no tiene por qué pagarle a alguien que cometía un delito. De hacerlo, al rato la familia del ladrón, homicida, violador, narco, secuestrador, que fallezca por el motivo que sea, va exigir indemnización. Seamos todos delincuentes”, difundieron cibernautas a lo largo del día.

 

Ante todo este panorama, es como llegaron a mi memoria la entrevista que como estudiante le hice al escritor Don Renato Leduc. En aquella ocasión, casi al terminar la entrevista le pregunté sobre qué distingue al buen periodista, a lo que el maestro me respondió: “No sólo al periodista, sino a toda persona. En la vida hay dos cosas que no puede ocultar: lo ladrón y lo pendejo. Analízalo bien y verás que tengo razón”. Y, de verdad, no se equivocó. Hoy esas sabias palabras están presentes en mí y, sobre todo, con esta Cuarta Transformación. Pero en fin, allá ellos. ¿A poco no?