A un año del 1-0 frente a Alemania

por | Jun 18, 2019 | Columnistas, Destacados

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En Media Cancha

Por Luis Ernesto López

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Fue aquella mañana del 17 junio en la que millones de mexicanos se unieron para presenciar el debut de la Selección Nacional en la justa mundialista de Rusia 2018, lo hicieron ante quien se presentaba como campeón vigente, un combinado que llegaba invicto tras el proceso de clasificación y como gran favorito a refrendar la corona, Alemania.

 

El conjunto mexicano llegaba como el menos favorito a conseguir los primeros tres puntos del grupo, pero con el orgullo en lo más alto por representar a su país y hacer historia junto a millones que los apoyaban.

 

La alegría y el ánimo se veían reflejados en el rostro de los pilares del equipo como Javier Hernández, Guillermo Ochoa, Andrés Guardado o Rafael Márquez, pero también de los jóvenes como Hirving Lozano o Raúl Jiménez al entonar estrofa a estrofa el Himno Nacional Mexicano acompañados de miles de compatriotas en el Estadio Luzhniki de Moscú.

 

En el rostro del técnico nacional se podía observar un alto grado de concentración, tal cual un jugador de ajedrez que analiza el movimiento de cada una de sus piezas y las consecuencias de cada uno de ellos, pero también se notaba lleno de ilusión y convencido de hacer historia.

 

Había que plantear un partido perfecto desde el pizarrón, Juan Carlos Osorio llegaba bajo las miradas de la prensa que durante mucho tiempo se dedicó a destruir el proyecto, pero también había que jugar el mejor partido de la historia de la Selección, pues para vencer no había otra opción.

 

Los jugadores debían dejar más que solo el alma en la cancha, debían de evitar los errores y los excesos de confianza, buscar jugar fácil y respetar la idea del técnico.

 

Y entonces, llegó el momento esperado, una obra de arte firmada por Hirving Lozano tras un contragolpe armado desde el área mexicana que terminó por hacer explotar el grito de gol en la tribuna del estadio que parecía una sucursal más del Estadio Azteca.

 

Millones de mexicanos festejaron lo que parecía imposible, estar arriba en el marcador ante el campeón del mundo, mantener un nivel de juego que doblegó por momentos al conjunto alemán a través de transiciones ofensivas y defensivas bien ordenadas, las cuales después de 95 minutos, dieron como fruto tres puntos y una histórica victoria en partido oficial ante los teutones.

 

El excesivo desgaste físico de los jugadores se pudo notar, nadie daba un balón por perdido, las marcas se respetaron a cabalidad y todos apoyaban en la labor defensiva, el partido perfecto sin duda.

 

Después quizás por la falta de rotaciones, clásicas de la mayor parte del proceso de J. C. Osorio, el equipo sufrió de más ante Corea y no pudo con Suecia, para después caer ante Brasil en el cuarto encuentro, el cual daría paso al tan aclamado quinto partido que se le ha negado a México.

 

Osorio decidió poner punto final a su periodo como seleccionador nacional, a pesar de tener la posibilidad de extender su contrato por cuatro años más y continuar un proceso que era necesario para el conjunto mexicano.

 

Hoy Gerardo “El Tata” Martino tiene las riendas del equipo y ya enfrenta su primera prueba oficial, la Copa Oro misma que deberá ganar para refrendar el título de “gigante de CONCACAF” y hacer de la selección un equipo con una clara idea de juego, con un sistema que de los resultados esperados de cara a la nueva búsqueda de hacer historia en Qatar 2022 al llegar al quinto partido, y por que no, más adelante.